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En la piel del otro

Martes, 13 de Marzo de 2012      Susana Girón

Huéscar (Granada).  13-3-2012

Corren tiempos de crisis, revueltos, raros. Todos sobrevivimos a esta época intentando reinventarnos, buscando soluciones y oportunidades a las nuevas realidades, todos y cada uno víctimas de nuestro propio discurso y situación, que pensamos es la peor.

Un ensayo fotográfico sobre el impacto de la crisis en España, me ha llevado a compartir carretera, camión y falta de horas de sueño con Conchi, una extraordinaria mujer dedicada desde hace más de 20 años al mundo del transporte de mercancías. Con agilidad innata maneja un tráiler de casi 14 metros durante 5 días, 3 países y 3.300 km. Mujer en mundos de hombres, que de Domingo a Jueves tiene que abandonar su casa, dejar a sus dos hijos adolescentes con su madre para colaborar, irremediablemente, con la economía familiar. La subida desproporcionada de los carburantes, ha afectado con gran dureza a los transportistas, en especial a aquellos que, como Conchi, son autónomos en pequeñas empresas familiares. Toca conducir el camión para sostener a una familia a la que es imposible conciliar con la vida laboral. Paradójico cuando menos.

Sentir en la piel de Conchi por unos días, me hace comprender que no todas las realidades son las mismas, como decimos aquí en el sur: quién la lleva la entiende. Quitarse el sueño a manotazos, dormitar sobre un volante, asearse durante días en estaciones de servicio, dormir de día en alguna cuneta, cumplir las largas esperas de la carga y descarga, sentir que tus hijos crecen sin ti cerca, la dieta del pan con york y queso, las soledades nocturnas de la carretera… y un gasoil tan caro que el viaje acaba siendo deficitario. España no importa apenas productos y el camión vuelve de vacío, como casi siempre. Poco le afectan a ella las reformas laborales. Si la situación no cambia en unos meses, la única alternativa que tendría sería la de vender un camión que todavía debe terminar de pagar al banco. Ni indemnizaciones por año trabajado ni subsidio de desempleo, sólo la opción de reinventarse en otro oficio. Así son los autónomos. 1800 € por un porte del que tan sólo en combustible gastó 1.300 €. Si además contamos los peajes (300 €), seguros, impuestos, desgaste de ruedas, cafés, bocadillos…mejor no hacer cuentas. Trabajar para perder dinero con la esperanza de que mañana sea diferente.

Regresamos a casa en el Hotel Iveco. Sus hijos y marido ya la esperan. Ella regresa con sus ojos maquillados y ojerosos, pero con una amplia sonrisa. Sentimientos encontrados: “Al menos durante el viaje, me evado de las otras realidades. Que maravilloso tener otra vez a mis hijos cerca”.

 

El perfume de las ánimas

Jueves, 04 de Agosto de 2011      Lolo Vasco
Reflexiones desde el Kurdistán II

Cae la tarde en Hasankeyf  y el Tigris te ensimisma intentando imaginar cuántos y disfrazados de qué, habrán bebido en estas aguas.

Por las últimas lluvias, baja caudaloso y revuelto, buscando las inquietantes tierras de Irak y Siria; pero lento, arañando las orillas, como si quisiera quedarse entre los huertos kurdos.

Las cuevas milenarias de las montañas, habitadas hasta ayer, lo observan mudas, sin parpadeo aparente, igual que yo. Ante tanta historia, te sientes infinitamente finito.

Me despierta del delirio, un intenso olor a “yerbagüena” que dos mujeres traen acariciando en sus manos. Curioseando, sigo el rastro que me lleva hasta un pequeño cementerio sembrado de tumbas, sembradas de esta hierba universal.

Mientras rumio con asombro esta nueva sorpresa, una madre y sus dos hijas llegan al lugar. La mayor y la madre, se acercan a una tumba, se sientan cada una a un lado, abren dos libritos y se ponen a rezar. La más pequeña, observa en silencio jugueteando con las faldas de la madre mientras me vigila de reojo.

Al terminar, besan el libro, besan la tierra, cogen un cachino de la exuberante mata y se van... Para qué flores muertas, para qué cemento...? Que la tierra de la que venimos, nos aproveche de nuevo.

Impávido, emocionado, suspirando para evitar las lágrimas, volví a mi ensimismamiento del río, pensando en la belleza de lo simple y en que las buenas costumbres siempre nos quedan en ridículo.

Preguntando, supe que perfuman la casa y las manos.

 

Petróleo y garbanzos verdes

Domingo, 15 de Mayo de 2011      Lolo Vasco

Reflexiones desde el Kurdistán I

"A Manu, que muy prontito podrá oler la libertad"

Casi siempre nos pasa al llegar a un sitio nuevo, que nos sorprende lo que no hay y lo que hay. Lo que no hay, que imaginábamos, por algo que una vez leímos..., o vimos en la tele, y lo que hay, que nunca te esperas.

Lo primero que te sorprende al llegar al kurdistán es que no hay hombres vestidos de talibanes, viviendo en las cuevas de las montañas, ni perros por las calles;

y lo que sí, son matas de garbanzos verdes, que los niños te venden por la calle, para que arranques las gárgolas y te comas los garbanzos de aperitivo con el té.

Paseando, te cruzas con gente que sin poder mediar ni una palabra, te da la bienvenida con grandes ojos y una sincera sonrisa. Y te cuestionas más aún, qué habrá hecho está gente, para estar tan puteada, en su propia tierra...?

Y es aquí donde viene, otra de las sorpresas, y por tanto, inesperada:pozos de petróleo sembrados entre los garbanzos verdes, como las amapolas entre los trigales, pero de color negro, negro.

Nunca había visto los martillos gigantes del "Muro" de Pink Floyd en directo.

Y empiezas a entender entonces, que cualquiera que llega aquí, diga que esto es suyo, aprovechando que en estos últimos "12.000 años", no hay quien encuentre las escrituras originales que los pelúos del taparrabo tallarían en alguna piedra y a saber dónde las pondrían.

El último invento del gobierno turco para seguir jodiendo, es una descomunal presa, que ahogará para siempre, parte de este "viejo legado" de la antigua Mesopotamia, cuna de la incivilización.

En las propias aguas del Tigris, se ahogarán más de 200 pueblos y aldeas, con sus vereas, sus recuerdos, sus rincones, sus calles, su historia, sus mezquitas, sus sueños y sus cementerios "con sus muertos".

Ea¡ y tan agusto que se van a quedar.

De dónde irán, nada se sabe. Eso no importa...

 

Cuando la pasión se desborda

Martes, 22 de Febrero de 2011      Susana Girón

 

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Susana Girón. Mejorada del Campo (Madrid).

Justo Gallego, un labrador español de 85 años, construye en solitario una Catedral desde hace 50 años en el pequeño municipio cercano a Madrid de Mejorada del Campo.

Sin ayudas oficiales y de ningún gobierno, vendió la mayor parte de sus tierras de labranza heredadas para financiar los gastos de la construcción del edificio, que hoy mantiene gracias a los donativos de los visitantes que recibe. Sin conocimientos de arquitectura o construcción, no existe ningún plano o proyecto del edificio, siendo su inspiración varios libros de castillos e iglesias medievales que adquirió siendo joven. “No sé el modo, pero sé que esto es lo que tengo que hacer. Y de alguna manera está en mi mente. Mi Fe en Cristo es el motor de todo, tener un ideal. Entonces, es fácil”.

Cada mañana, a las 7 empieza a trabajar hasta que el sol se pone. Sus manos y las herramientas más básicas han sido capaces de levantar un edificio de más de 8000 m2 cuya cúpula supera los 40 metros de altura, empleando para ello, materiales de construcción que él mismo recicla.

Más allá de lo extraordinario de este hecho, de la propia obra de su vida, permanece latente en mi cabeza la pregunta sobre cuáles son los límites del ser humano cuando encuentra el sentido de la fe, en el espectro más amplio de sus manifestaciones y formas. La facultad de creer en uno mismo es un don que todos poseemos y solo algunos descubren; un lugar donde las pasiones se convierten en destino y los destinos en pasiones. ¿Hasta dónde somos capaces de llegar impregnados de fe?

Cada semana, desde hace un año, acudo a fotografiar a Justo. Lucho por encontrar las imágenes que describen ese sentido tan profundo de la fe, la constancia, el ideal, la mística…. Otras veces sin embargo, acudo a mi cita sin llevar la cámara, por el simple placer de impregnarme de un espíritu que me inspira referencias que aportar a mi vida. Quizás en algún momento he equivocado quiénes o qué deberían haber sido mis referentes sociales. Quizás en algún momento, obsesionada en fotografiar la actualidad y lo exótico, me olvidé de buscar y valorar las grandes historias que estaban sucediendo muy cerca de mí. Como dice el poeta Saturnino Valladares, no nos olvidemos de las historias de lo cotidiano trascendente, ellas también merecen ser contadas, o mejor dicho, leídas con una cámara de fotos.

 
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