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La Encrucijada Palestina
“Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa. Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes. Para justificarse, el terrorismo de Estado fabrica terroristas: siembra odio y cosecha coartadas. Los colonos invaden, y tras ellos los soldados van corrigiendo la frontera”.
Eduardo Galeano

Cuando vuelves de aquellas tierras, el silencio te invade durante unos días. No traes ganas de hablar, ni de contar, ni de llorar siquiera. Es otra cosa, te inunda una honda tristeza. No entiendes nada.“Es una locura colectiva, sin remedio”, piensas.
Y cuando comienzas a hablar, no sabes por dónde empezar. Sientes una profunda pena por los niños, palestinos e israelíes, maltratados, los unos y los otros, por la sinrazón humana, dentro de una gigantesca fábrica de odio.
Palestina es un laberinto indescifrable de muros y alambradas, de tierras desoladas, de calles y fronteras dentro de otras fronteras inventadas; un territorio en permanente destrucción vigilado por hombres y mujeres armados con fusiles cargados de odio y miedo.
Desprende impotencia, desesperación, rabia y tristeza; mucha tristeza al fin y al cabo.
Es un vergonzoso tubo de ensayo de la tortura psicológica, permitido.
Y aún dentro de esta barbarie, desde ambos lados, se hace paso la cordura:
Yanuv*, un taxista israelí de Jerusalén, se quejaba de los colonos judíos venidos de cualquier parte. “Es una invasión por intereses políticos, nadie nos ha preguntado. No tengo nada que ver con judíos venidos de Rusia o Argentina, pero mis hijos están obligados a empuñar un arma durante 3 años y protegerlos de nuestros vecinos palestinos.
Mis mejores amigos son palestinos, me he criado con ellos, hemos jugado y crecido en paz en la misma calle. Cada cual reza a su dios pero somos de la misma tierra, bebemos el mismo agua. Los que vienen son extraños con otras costumbres, otra cultura”. “Es para volverse locos”
Abdul, un palestino de Nablus, padre de 3 hijos muertos en el conflicto, proponía: “La única posibilidad de reconciliarnos, es sacar a los niños israelíes y palestinos de esta maltratada tierra, que convivan y aprendan a quererse. Después cuando crezcan, que miren desde fuera esta locura y quieran venir a traer juntos la paz”. “El sufrimiento tiene las raíces tan profundas, que la única solución tiene que venir de mentes sanas”.
Pensamientos tan lúcidos como estos o proyectos culturales como la Orquesta West-Eastern Divan creada en 1999 por Barenboim y el filósofo palestino Edward Said, como símbolo de la superación de los conflictos humanos, son el hilo de esperanza de este doloroso conflicto, con principio pero sin fin.

Yanuv* Nombre ficticio por miedo a represalias.

 
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